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El helado, mi gran premio.

Mi mamá, en el auto, mirando como me desafíaba.
Yo… tratando de pedir un helado de frutilla.

Mi mamá, mirando como su nena de 8 años intentaba comunicarse para que el heladero le entendiera, porque estaba aprendiendo a hablar.

Yo… tratando de pedir un helado de frutilla. Si, con vergüenza, con miedo, con impotencia.

Sin quererlo, me enseñó una de las lecciones más importantes de mi vida.
Del otro lado del miedo, está tu helado. Está tu sueño. Está lo que querés.

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