Me quedé pensando en cómo hacemos todo al revés:
Si quiero que mi pelo esté lindo, me lo seco y me lo plancho.
Si quiero que mi piel se vea linda, me maquillo y me tapo lo que no me gusta.
Si algo me duele, tomo una pastilla para que se me vaya el dolor físico.
Si algo me entristece, busco en el afuera algo que me dé una calma.
Si planeo, establezco los objetivos antes de saber cómo quiero caminar.
Si quiero emprender, busco todas las formas habidas y por haber para que eso salga bien, y me olvido de mi.
Creo que sería mucho más saludable para nuestro cuerpo que antes de planchar el pelo, podamos nutrirnos, masajearnos y mimarnos para que el pelo nos devuelva su vida.
Antes de tapar lo que no me gusta de mi piel o de mi cuerpo, me nutro, me miro, me mimo, me masajeo, me pongo cremas que les hacen bien a mi piel.
Antes de tomar una pastilla para el dolor, observo porque el dolor está, que me está pidiendo, el cuerpo nos está hablando.
Si algo me entristece, antes de salir a buscar anestesiar la tristeza, la miro, le presto mi atención, le hago lugar en mi vida.
Antes de saber a dónde quiero ir, observo si el lugar a donde quiero llegar va alineado a lo que de verdad quiero.
Si quiero emprender, primero está mi energía, mi salud, mi cuerpo, mi mente, mi mentalidad antes de las estrategias y las acciones.
Todo al revés.