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Sueños del corazón

Los sueños tienen que ser de corazón, o no ser. No hay otra. Es el secreto más grande que descubrí.

Pienso en mis sueños y observo a mi cuerpo que se prende fuego, siento cada una de las células gritarme, siento a mi corazón que late con más fuerza. Asi se debe sentir un sueño de verdad, del corazón.

Si pensás en tus sueños y no se te mueve nada, qué te dará las suficientes fuerzas para sostenerte en el caótico camino de ir hacia tus sueños, si te da igual?

Si pensás en tus sueños y no se te mueve nada, no es un sueño, es una idea de éxito personal, apoyada en creencias sociales, generacionales, en tus heridas, en tu manera de mirarte… si eso se cae, se cae tu «sueño».

Lleva tiempo. No me preguntes ¿cómo hago para saberlo? porque la respuesta está en vos. Creo que ya la sabes.

Te encontrás frente a frente con tu sueño, en una visualización, en una meditación y observas las intenciones que te nacen del alma. Tu cuerpo te hablará y sabrá hacerte llegar la respuesta.

Y en ese mismo encuentro, le prometes fidelidad, seguridad, cooperación y compromiso para hacerse realidad.

Y cuando el mundo se caiga, ahí estará él para darte fuerzas.

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