Miré las estrellas, con una bocanada de aire… y ahí me doy cuenta:
Necesitaba que alguien afuera me dijera que estaba bien, que lo estaba haciendo bien.
Como la niña que espera que su papá o su mamá le dé su aprobación.
Miré las estrellas, con una bocanada de aire… y al darme cuenta, lloré.
Lloré por la presión (mia propia) de ser alguien que no soy.
Lloré por querer pertenecer a un lugar (que no existe)
Lloré por no ser presencia en los últimos días.
Porque la cabeza me daba miles de vueltas, sin darme cuenta.
Había caído en una carrera de perseguir, de alcanzar lo inalcanzable, de llegar a algo… que ni yo sabía qué.
Ese día, decidí. Fue de esas decisiones que no te olvidás más y que te regala la paz que muchas veces necesitás.
Decidí dejar de buscar afuera, de buscar recetas ni fórmulas y empezar a crear la mía propia, con mi esencia y mi intuición como brújula.
Me construí mi propio refugio al cual vuelvo cada vez que lo necesito,
buscando las respuestas que solamente en ese lugar voy a encontrar.
Es el mismo refugio que construimos en nuestros círculos de meditación, el mismo que las mujeres que van usan en su rutina cada vez que lo necesitan. Porque de eso se trata «Volvé a vos», un espacio semanal, presencial, para que dejes de buscar afuera para volver a vos.