Me vi sentada en el suelo del depto que viviamos en Córdoba,
con mis gemelas de 2 años y medio.
Sin reconocerme, despeinada, vestida con lo primero que habia encontrado ese día.
Me bastó ese instante para verme desde afuera y darme cuenta, que podía con todo y con todos: hijas, esposo, amistades, familia, obligaciones, y miles de quehaceres. No fallaba a nadie…. sólo a mi.
A mi, cuando no podía ni tomar un mate.
A mi, cuando ponía el valor de los demás por el sobre el mío.
A mi, cuando ni podía comer mi comida calentita.
Me llevo años encontrarme de nuevo, mientras mis hijas crecían yo también lo hacía, me descubría. Crecimos juntas, aprendimos de cero a escucharnos, a conocer nuestras emociones, a saber qué nos gustaba, y a prestar atención a ver cuándo necesitabamos descansar y cuando no.
Así como reconocía en ellas, en su bostezo y en sus manitas en los ojos cuando tenían sueño, aprendí también a reconocer en mí, en mi cuerpo el cansancio y regalarme lo que necesitaba.
Fui, con el tiempo, así como con mis hijas, construyendo una relación conmigo… de idas y vueltas, te escucho y me escuchas, doy y recibo, lo tuyo sí es importante, lo mío también….
Ese «lo mío también» es lo que venimos trabajando en Volvé a vos. Yo también soy importante.
Increíble.
Algo tan básico y tan complejo.
Te espero en este espacio para conectar con tu esencia y te hagas saber todo el tiempo, que ahí estás.
Aquí estoy.
Con la firmeza de quién no te derrumba porque aquí estás.